ACHC | Revista Hospitalaria del sector salud

DE PORTADA
“Cumplir la misión social, mantener la calidad en la atención, formar talento humano y nunca dejar de aprender”

Virgilio Galvis Ramírez, oftalmólogo y doctor en Ciencias de la Visión, exministro de Salud y decano fundador de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), fundó en 1976 el complejo médico Fundación Oftalmológica de Santander (FOS), que en 1993 se convirtió en la Fundación Oftalmológica de Santander/Clínica Ardila Lulle (FOSCAL), institución líder en servicios de salud especializados en el oriente colombiano. En el 2012, como fundador y gestor de la organización, puso en marcha la Clínica Foscal Internacional, megaproyecto de crecimiento y expansión, y creó el Centro Oftalmológico Virgilio Galvis de atención especializada. Galvis Ramírez es reconocido por sus innumerables aportes a la salud, la investigación y su dedicación al cuidado de la salud visual de nacionales y extranjeros, y por su gestión al frente de la Organización Foscal, de la cual hoy es su presidente.

El doctor Galvis Ramírez recuerda que al terminar su posgrado en Oftalmología en la Universidad de Antioquia y rotaciones por centros de talla mundial en Estados Unidos, en 1975 solo tenía en mente regresar a su tierra en Santander, “dispuesto a entregar mi tenacidad, mis conocimientos médicos y mis valores humanos al servicio de la oftalmología, una especialidad que por entonces era la ‘cenicienta médica’ en casi todas las instituciones de salud”.

Inició trabajando filantrópicamente en el Hospital González Valencia de Bucaramanga, pero luego de intentar desarrollar allí la unidad médico-quirúrgica oftalmológica, en 1976 decidió dar vida estatutaria a la que hoy constituye la Fundación Oftalmológica de Santander (FOS).

La demanda de servicios creció mucho más allá de lo esperado, lo que puso en riesgo el equilibrio financiero ya que los ingresos no eran suficientes para cubrir el aumento de los gastos de funcionamiento. Recuerda el directivo: “esta situación nos llevó a dar un segundo paso visionario: desarrollar un nuevo proyecto para seguir ayudando a la población vulnerable, pero también con servicios privados ofreciendo en la nueva institución privada sin ánimo de lucro la prestación de servicios oftalmológicos especializados de alta calidad humana y científica, pero que fuera autosuficiente y asegurara así que la misión social de la institución perdurara en el tiempo”.

No fue un camino fácil: “cada época trae sus desafíos. Superamos dificultades económicas en los primeros años y con nuestro patrimonio respaldamos los endeudamientos para la concepción de una institución multiespecialidad, su construcción y dotación, y luego seguir dándole realidad a mis sueños con la generación de otros grandes proyectos que nos permitieran salir airosos en Colombia; hoy ya alcanzamos los 240.000 metros cuadrados construidos y dotados con tecnología de punta para el ejercicio de todas las especialidades”, relata el doctor.

Galvis Ramírez destaca los logros y el éxito como fruto del trabajo institucional: “han sido años de trabajo duro y dedicado que nos han permitido mantenernos prestando nuestros servicios médicos de alta calidad, y crecer manteniéndonos en el estado del arte y en una permanente lucha contra condiciones adversas. Si tuviera que resumir la clave de la supervivencia de nuestra institución, cuando hemos sido testigos del cierre de muchas otras en nuestro país, la atribuiría al trabajo mancomunado, a la transparencia en el manejo de las finanzas, a la solidaridad del talento humano de los más de 5000 compañeros de trabajo, de los proveedores de la industria que nos han respaldado en las épocas difíciles, y a la posibilidad de negociación de nuestras abultadas deudas a través de sindicados bancarios que nos han brindado total respaldo”.

Y agrega: “esta fortaleza de una organización trasciende cuando somos capaces de mantener intactos los principios y valores, incluso en medio de la adversidad. Las dificultades pasan; la confianza de nuestros pacientes, la reputación y el reconocimiento social son las que permanecen. Esa ha sido, quizá, la decisión más importante que hemos tomado durante todos estos años en Foscal. Cuando uno dirige una institución durante tantas décadas, comprende que solo existe un único momento difícil: ‘la falta de recursos para darle libertad a la mente en la posibilidad de desarrollar los sueños’, preservando la sostenibilidad de una institución que nunca ha dejado de poner al paciente en el centro; esta sí es la paradoja que debe resolverse en los diferentes momentos de la vida institucional”.

Por eso hoy, después de cincuenta años de vida institucional, Galvis Ramírez reconoce y agradece ese esfuerzo colectivo: “al mirar hacia atrás, siento ante todo una profunda gratitud, porque la Foscal nunca fue un sueño individual, y fue el resultado del trabajo, la confianza y la entrega de muchas personas que creyeron en este proyecto desde sus comienzos: compañeros, colaboradores, amigos, empresarios, docentes, profesionales de la salud y directivos que, con su conocimiento, compromiso y dedicación, ayudaron a convertir una idea en la institución referente para el país que hoy conocemos. A todos ellos les debo un profundo reconocimiento”.

Y exalta el cumplimiento de la misión: “lo que más orgullo me genera es saber que, durante estos años, en la Foscal hemos contribuido a mejorar la calidad de vida de miles de personas. Detrás de cada paciente atendido, de cada cirugía realizada, de cada niño que nació en nuestras instituciones, de cada diagnóstico oportuno, de cada tratado de cáncer, de cada persona que recuperó su salud, hay una historia, una familia y una nueva oportunidad de vida. Ese es, en esencia, el verdadero sentido de nuestro trabajo”.

 

Equilibrar sostenibilidad económica, calidad en atención y compromiso humano con pacientes

Galvis Ramírez afirma que en la Foscal no se entiende la sostenibilidad financiera como objetivo, sino como la consecuencia de “hacer bien las cosas”: “cuando una organización presta atención segura y pertinente genera un servicio confiable, forma y fortalece su talento humano, incorpora conocimiento, innova y pone al paciente en el centro de sus decisiones, crea valor ante la sociedad y fortalece las bases de su sostenibilidad. Las organizaciones de salud existen para generar bienestar, no existen para producir utilidades, y su sostenibilidad no consiste en ahorrar recursos a costa de bajar calidad de la atención”.

Siguiendo esa línea, explica: “en salud, una administración responsable involucra tres elementos que no compiten entre sí, y que son interdependientes y complementarios: la sostenibilidad económica, la calidad de la atención y el compromiso humano con el paciente. En una institución de salud el desequilibrio de cualquiera de las tres puede resultar fatal. Ejemplo: si pierde su sostenibilidad económica, pone en riesgo su capacidad de seguir atendiendo pacientes y honrar sus compromisos. Si sacrifica la calidad para obtener resultados financieros, termina perdiendo su razón de ser. Y si pierde el sentido humano, deja de cumplir la misión para la cual fue creada”.

 

Defender los principios para construir el futuro de la salud en Colombia

En perspectiva de futuro, el exministro de Salud sostiene que deben defenderse los principios: “si bien los sistemas de salud evolucionan y deben adaptarse a los cambios demográficos, epidemiológicos y tecnológicos, hay principios que no deberían modificarse nunca: la defensa de la vida, la formación permanente del talento humano, el acceso con equidad, la prevención, la investigación y el compromiso inquebrantable con la calidad y la seguridad del paciente. Es sobre esos pilares que debemos construir el futuro de la salud en Colombia”.

Y especifica: “es fundamental preservar los principios de acceso, equidad y oportunidad. Todos los ciudadanos debemos tener la posibilidad de recibir una atención segura y de calidad. Al mismo tiempo, debemos fortalecer una visión del sistema cada vez más orientada a la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad; es necesario evolucionar hacia modelos que identifiquen oportunamente los riesgos, acompañen a las personas durante todo su ciclo de vida y promuevan hábitos saludables. Y otro aspecto absolutamente irrenunciable es la calidad. Colombia construyó un modelo de habilitación con estándares cada vez más exigentes y un sistema de acreditación que ha impulsado una verdadera cultura de mejoramiento continuo y seguridad del paciente”.

 

Balance social, personas en el centro y pensar a largo plazo: lecciones para líderes

A partir de su experiencia, Galvis Ramírez comparte tres convicciones que considera fundamentales para quienes hoy asumen la responsabilidad de dirigir hospitales y clínicas en Colombia: “la primera es que el balance social siempre debe estar por encima del balance económico. Los resultados financieros son indispensables para garantizar la sostenibilidad de una institución, pero nunca pueden convertirse en su fin último. El verdadero éxito de un hospital no se mide solamente en cifras, sino en el bienestar que genera, en las vidas que transforma, en la confianza que inspira y en el aporte que hace a la sociedad”.

La segunda es que las personas deben estar siempre en el centro: “los pacientes son la razón de ser de las instituciones de salud, pero también lo son nuestros colaboradores, quienes con su conocimiento, compromiso, sensibilidad y vocación hacen posible cumplir esa misión todos los días. Cuidar a las personas —a quienes reciben la atención y a quienes la hacen posible— es, al mismo tiempo, la mayor responsabilidad y la mejor inversión que puede hacer una organización”.

Y la tercera lección, es pensar siempre a largo plazo: “construir una institución sólida, perdurable y sobresaliente requiere visión, paciencia, disciplina y constancia. Las decisiones importantes no deben tomarse únicamente para resolver las dificultades del presente, sino también para dejar una organización más fuerte, más humana y mejor preparada para las próximas generaciones. Eso exige invertir permanentemente en calidad, investigación, innovación, formación del talento humano y desarrollo institucional. Si algo me ha enseñado la historia de la Foscal es que el futuro no se espera: se construye. Las instituciones verdaderamente grandes no son solo las que más crecen; son aquellas que logran mantenerse fieles a sus principios a lo largo del tiempo, adaptarse a los cambios y seguir generando valor para la sociedad”.

Asimismo, el directivo menciona cinco cualidades indispensables de un líder en salud: “integridad, para hacer siempre lo correcto; visión, para anticiparse a los cambios; capacidad de construir equipos de trabajo; humildad, para escuchar y aprender, y la convicción permanente de que el paciente debe estar en el centro de todas las decisiones. Cuando esos principios se convierten en una cultura organizacional, las instituciones trascienden a las personas que las fundaron y quedan preparadas para servir a futuras generaciones. Muchos de quienes comenzaron con nosotros hoy son líderes de la institución y han formado nuevas generaciones de colaboradores. Ese, para mí, es el verdadero indicador de éxito de una organización”.

 

Nunca dejar de aprender, formar líderes y cumplir siempre la misión social

“Hay algo que siempre he procurado transmitir con el ejemplo: nunca dejar de aprender. Yo mismo he sido ejemplo de ello. Cuando muchas personas piensan en disminuir el ritmo de su vida profesional, tuve la oportunidad de cursar un doctorado después de los setenta años. No lo hice por un título más, sino porque sigo convencido de que el conocimiento es la mejor herramienta para servir mejor a los demás. Creo que un líder nunca puede dejar de aprender; si deja de hacerlo, también deja de evolucionar su organización”, puntualiza el doctor Galvis.

También destaca la formación de líderes y la construcción de cultura institucional para cumplir la misión social: “de igual manera, me da tranquilidad y esperanza ver que nuevas generaciones de líderes, acompañadas por un equipo directivo sólido y comprometido, continúan fortaleciendo este proyecto con la misma pasión, los mismos principios y una clara visión de futuro. Eso me permite confiar en que ellos harán perdurable la Foscal en servicio, en educación y en investigación. Pero quizás lo más valioso es comprobar que la Foscal ha logrado construir una verdadera cultura institucional. Una cultura en la que la calidad, el compromiso social, la ética, la innovación, la vocación de servicio y el respeto por las personas hacen parte de la manera de actuar y no dependen de una sola persona. Si algún legado quisiera dejar, sería precisamente ese: una institución sólida, con principios claros, con capacidad de seguir evolucionando y con un propósito superior que trascienda a quienes tuvimos el privilegio de participar en su construcción. Porque las instituciones que nacen y trabajan con propósito pueden seguir transformando vidas durante muchas generaciones”.

 

El futuro de los hospitales: resultados en salud, alianzas y formación del talento humano 

Galvis Ramírez considera que el sistema avanzará hacia una medicina cada vez más basada en valor: “las instituciones seremos evaluadas no solo por el volumen de procedimientos que realizamos, sino especialmente por los resultados que generamos en salud, la seguridad de la atención, la experiencia de nuestros pacientes y el valor que aportamos a la sociedad. Y la atención en salud se expandirá mucho más allá de la infraestructura hospitalaria tradicional; por ello, las instituciones hospitalarias del futuro tendrán que ser organizacionalmente más inteligentes, más preventivas, más flexibles y más integradas”.

Destaca que otro aspecto fundamental a futuro será la capacidad de construir alianzas: “ninguna institución, por grande o sólida que sea, podrá enfrentar sola los desafíos del futuro. La colaboración entre hospitales, universidades, centros de investigación, empresas de tecnología, aseguradores, entidades responsables del pago y el Estado será cada vez más importante para generar conocimiento, incorporar innovación y ofrecer mejores soluciones a los pacientes”.

Y advierte que ninguna de estas transformaciones será posible sin preparar desde ahora el talento humano: “las instituciones que somos hospitales universitarios, y en general aquellas que desarrollan convenios docencia-servicio, tenemos una enorme responsabilidad en la formación de los profesionales que liderarán el sistema de salud del futuro. Debemos despertar en las nuevas generaciones el interés por las profesiones de la salud y fortalecer en ellas la vocación de servicio. Necesitamos que más jóvenes quieran dedicar su vida al cuidado de los demás y que encuentren en la medicina, la enfermería y las demás áreas de la salud un proyecto de vida que les permita crecer personal y profesionalmente. Es una responsabilidad compartida entre universidades, instituciones prestadoras de servicios de salud (IPS), el Estado y la sociedad en su conjunto. Si logramos inspirar y formar profesionales técnicamente competentes, éticamente sólidos y profundamente comprometidos con las personas, estaremos construyendo uno de los pilares más importantes del sistema de salud del futuro”.